Hay gente que dice que la noche lo confunde. Gente que cree que a partir de las 12 extraños seres surgen de las sombras, de los miedos más ocultos en las esquinas de nuestra psique. Lo que mis ojos han visto hoy no se paga ni con todo el oro del mundo. Ya no conozco el miedo ni la incertidumbre. Ya puedo morir tranquilo. Ya he visto a Anónimo "feliz".
Y pensaéis que tampoco es para tanto. Que no tiene nada de especial... Infelices. Ni siquiera el poderío de Joseph Porta le hace sombra a esta fuerza de la naturaleza, a este "a que no hay huevos" a la enésima potencia. Todo comenzó con una pequeña apuesta en la que Sabbo derrotó a Anónimo en un concurso de ingesta de alcohol cronometrada. Momentos después la cara del vencido y sobre todo sus ojos (con luces de posición puestas) delataban la mella que el alcohol provocaba (y provocaría) en su organismo. Frases como: "ahora entiendo porque aquí dicen que las tías que hay están buenas", "es muy buena chica, no en serio, muy buena chica, pero de verdad, joder, muy buena chica", "EMBARAZADA, ESTÁ EMBARAZADA, POR DIOS" o una explicación de un juego de borrachos que duró más de media hora nos fueron introduciendo en un mundo oscuro, casi negro (que como todos sabemos es el color del mal).
Continuamos nuestro camino con el añadido de Baptiste, cual 4 mosqueteros en pos de aventura y la encontramos en la forma de una amiga de Sabbo, a la que Anónimo recibió con los brazos abiertos y unas ganas de mear que no paraba de proclamar a los cuatro vientos. Tras comprobar que llegaba saltando a una señal de tráfico y medir en zig-zag el ancho de las aceras llegamos a CC, que a partir de ahora será conocido como el Cubil de los Cocidos en honor a Anónimo y a la amiga de Sabbo, a la que el primero bautizó como Rocío tras decidir que no habían sido presentados (a la 3ª va la vencida). Tras un momento de reflexión en la puerta del CC Anónimo se sumergió en la marabunta orgiástica, no sin antes asombrar al portero por su arrojo y determinación en el andar. Ya dentro nos dividimos, Sabbo y su amiga en misión divina hacia la barra y Baptiste y yo en la infernal tarea de localizar a Anónimo entre la turba. Por suerte Baptiste lo encontró cuando Anónimo demostraba que el camino más corto entre dos puntos no es la línea recta, sino el rodeo. Instalados estratégicamente al lado de la cabina del DJ, comenzó un carrusel de música, baile, alcohol y desenfreno. Uno de los momentos cumbre llegó cuando Anónimo partió decidido, tras ser animado a ello con el "a que no hay huevos" de rigor, a subirse a la barra del CC, bajarse los pantalones y realizar una danza tribal. Por desgracia, entró en razón y comentó que no lo iba a hacer... porque seguramente no le dejarían los de seguridad.
Hay que destacar a su vez el arte y la habilidad conque movía sus caderas, sugiriéndose al ritmo de Shakira y merengue. Una vez más nos maravilló al mostrarnos una y otra vez sus calzoncillos por petición popular, hasta que pudimos ver claramente el color de los mismos, detalle que llenó de paz nuestros corazones. No dejó de ganarse nuestra admiración al apreciar el esmero con el que se pellizcaba los pezones en medio de cada baile, ni su capacidad para gritar, con voz firme y melodiosa: "Guarraaaaaaaaaas, guarraaaaaaaaaas, guarraaaaaaaaaaas, ¡¡¡GUARRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!!!!!" maravillando a propios y extraños.
Fue entonces, cuando la noche se hizo mágica y comenzaron a sonar los temas más punteros, con interpretaciones de los Gipsy Kings, Los Chunguitos, Camilo Sexto, Antón Reixa y el imprescindible en todo local de moda: "A Cabritinha", canción de la que Son_eu es fan declarado, que coreografiamos entre todos de forma explícita, al ritmo de una luz azul que no hacía más que dar destellos de placer en nuestras pupilas dilatadas por la oscuridad previa.
Ya extasiados, embriagados por la fluidez de movimientos de Anónimo y Rocío, Baptiste y yo decidimos tomar la tangente y coger una de las corrientes que llevaban hacia la puerta, tras jurar que semejante noche no se quedaría sin una entrada en Encefalogramas.
Esto, por supuesto, no es nada más que un resumen. Tanto Sabbo, como Baptiste, como el propio Anónimo (o Rocío, si nos lee) son bienvenidos para compartir con todos su visión de esta larga, anecdótica, despampanante y legendaria noche, de la que los presentes tardaremos años, sino toda una vida, en poder olvidar un sólo detalle.
PD: Lo mínimo es que Anónimo o Sabbo amplíen en los comentarios la información sobre el final de la noche que Baptiste y un servidor no tuvimos ocasión de ver porque nuestros maltrechos cuerpos nos lo impidieron.